¿Por qué nos cuesta poner y conseguir objetivos?

 

 

Septiembre es uno de los meses en los que cogemos una nueva agenda y nos ponemos a escribir objetivos para el nuevo curso. Son proyectos que igual hemos estado reflexionando durante el verano. Cosas que llevamos tiempo dándole vueltas para hacer, pero que nunca arrancamos ni nos planificamos para llevarlas a cabo.

Se dice que un 8% de la población consiguen sus objetivos hasta el final. Estamos hablando que el 92% restante, se pusieron objetivos en algún momento y desistieron al principio y mitad de camino.

Objetivos como perder peso, dejar de fumar, hacer más deporte, realizar aquella formación que siempre quise hacer, crear un proyecto nuevo en mi puesto de trabajo que me ayude a optimizar tareas, cambiar de trabajo porque no soporto más dónde estoy, dejar esa relación tóxica que no me aporta nada…., son objetivos que te puedes plantear en un momento de tu vida, pero que por falta de confianza, amor propio, voluntad y compromiso contigo misma, nunca has llegado hasta el final.

Andamos de un lado para otro haciendo cosas, somos multitareas, vamos corriendo por la vida, pero muchas veces sin sentido y sin un para qué hacemos las cosas.

Y ahí está la verdadera cuestión, que no sabemos hacía dónde vamos ni lo que realmente queremos.

Una persona que sabe realmente lo que quiere para su vida, pone sus objetivos, los fija y se compromete con ellos. Y aunque vengan dificultades, obstáculos y se caiga, siempre se va a levantar, porque esos objetivos tienen un para qué; el motor para continuar con su planificación y su camino. Y aunque en algún momento se salga de este, tomará de nuevo la dirección porque sabe hacía dónde va.

 

“El mundo entero se aparta, cuándo ve a una persona que sabe a dónde va”. Antoine de Saint – Exupery

Etapas previas a fijar objetivos

Cuando empecé a reflexionar sobre mis problemas a la hora de no conseguir los objetivos que me proponía, me di cuenta de que necesitaba hacer tres etapas, y que sin ellas era imposible poder concretar cuál era el objetivo que me quería marcar. Estas etapas son:

  1. Saber que quieres. Si no sabes lo que quieres realmente, y por qué lo quieres, es muy fácil que no exista una fuerte motivación detrás, que te empuje cada día a seguir en la consecución de ese objetivo. El problema, es que muchas veces no tenemos claridad sobre lo que queremos en nuestra vida y hacia dónde vamos.
  2. Concretar ese objetivo. Ponerlo por escrito de manera breve, explicando que es lo que quieres conseguir con ese objetivo. Si quieres perder peso, explica cuál es el motivo, el para qué lo quieres hacer. Si quieres cambiar de empleo, explica por qué lo quieres hacer, cuáles son los beneficios que vas a tener y como te vas a sentir si consigues el empleo que realmente quieres tener.

Concretar, significa expresar en palabras lo que quieres y cómo lo quieres, haciendo una planificación con etapas y fechas en el camino.

  1. Esfuerzo que requiere conseguir un objetivo. Hay que se conscientes del esfuerzo que tenemos que hacer para conseguir lo que queremos. Siempre hay que perder para ganar y ganar para perder. Si no se es consciente de esto, es muy difícil saber lo que cuesta conseguir las cosas.

Nada se regala, todo conlleva un esfuerzo y una constancia.

Vivimos en una sociedad dónde, desde la educación y la empresa, se valora más el resultado que el esfuerzo. El foco se pone en el resultado, y el esfuerzo no se tiene en cuenta. De ahí, que todo lo que requiera un gran esfuerzo y un resultado a largo plazo no sea atractivo.

Que nuestros hijos consigan las cosas de manera fácil, y sin que exista un esfuerzo por parte de ellos, va a entrenarlos para que sean adultos que no son capaces de ponerse objetivos y superar el camino, incluso con obstáculos y dificultades para conseguirlos. A la primera de cambio, vendrá la desmotivación y el abandono.

 

“La principal causa por la que una persona no consiga lo que quiere es porque no sabe lo que quiere”. Francisco Alcaide

¿Qué es lo que queremos hacer?

Volviendo al mundo educativo, desde muy pequeños se nos ha dicho lo que tenemos que hacer y cómo lo tenemos que hacer. Pero se han olvidado de decirnos para qué lo tenemos que hacer. Somos dirigidos a hacer las cosas en función de las expectativas de los demás. Nos fijamos en modelos que tenemos a nuestro alrededor, y ellos van a marcar mucho nuestras creencias y parte de nuestras decisiones.

De ahí que sea muy difícil, cuando somos adultos, tener claro que es lo que queremos hacer y cuál es el modelo de vida propio que queremos vivir. Pero no nos han enseñado a hacernos preguntas, a cuestionarnos cada cosa que se cruza en nuestro camino. No hemos aprendido a conocer lo que realmente queremos, porque no nos han enseñado que lo primero que tenemos que hacer es conocernos.

 

Si sabemos quiénes somos, podemos saber más fácilmente que es lo que queremos.

 

Uno de los primeros ejercicios que hago con las mujeres que acompaño en su búsqueda profesional, su reconversión laboral o en la realización de un cambio profesional y personal, es el ejercicio de autoconocimiento.

Conocerse a sí misma no es tarea fácil. Es una de las más complicadas, porque no estamos acostumbradas a mirarnos hacia dentro. Es una tarea difícil, porque nos enfrentamos a veces a realidades de nuestras vidas que no nos gustan.

 

Mirar hacia dentro, analizarse y ser consciente de cómo eres, cómo piensas, cómo sientes y cómo vives a lo mejor no te gusta.

 

Este trabajo tiene que ser completamente voluntario, pero cuando queremos hacer un cambio transformador en nuestras vidas, y hemos decidido que ese es el camino que queremos llevar y el objetivo que queremos conseguir, no queda más remedio que dejar de mirar ahí fuera, y hacer el esfuerzo de mirar dentro.

Conocerse es saber, hoy, cuáles son tus valores, tus prioridades y tus principios.

 

Que lo que piensas este en coherencia con lo que dices y con lo que haces

 

A esto se le llama vivir una vida con sentido. Ya no tienes que fingir, no tienes que ser la persona que los demás esperan que seas. Que hagas lo que los demás esperan que hagas. Y que sientas lo que los demás esperan que sientas.

 

¿Qué te límite para poder conseguir tus objetivos?

Esto fue uno de los puntos más difíciles que tuve que enfrentarme cuando comencé mi camino de autoconocimiento. Y es también difícil para algunas mujeres a las que acompaño en este camino.

Es importante conocer los límites por los cuales no llegas a conseguir lo que quieres. Estos límites muchas veces son reales, pero otras no.

Hay que diferenciar entre límites reales (por las circunstancias) y límites irreales (los que nos ponemos nosotras).

Para poder hacer este ejercicio, y ver porque no consigo los objetivos que me marco, hay que hacerse la siguiente pregunta:

 

¿Qué me ha impedido cumplir con lo que me había propuesto?

 

Es importante reflexionar sobre todas las respuestas que nos vengan a la cabeza.

En este tipo de ejercicios es fundamental que seamos muy sinceras con nosotras. No vale la pena engañarse. Es un ejercicio voluntario que nos va a ayudar a conocer nuestros límites, y el por qué no conseguimos lo que nos proponemos y queremos.

Hay múltiples respuestas y todas muy personales; desde la pereza, no estoy muy motivada, no consigo planificarme bien, no tengo una actitud muy positiva, me he dejado llevar por la rutina, con los niños es imposible hacer nada, no sabía que me iba a costar tanto esfuerzo…

Es importante analizar las respuestas que tu misma te des, porque en ellas podrás encontrar los límites que son reales, y que en tus circunstancias actuales es difícil de superar, y los límites que son superables y que solo están en tu cabeza o en tus hábitos.

Por ello, es muy importante tener muy presente el “para qué te pones el objetivo “. Detrás de ese para qué, hay una motivación, una coherencia con tu nueva manera de ver la vida, con el cambio que quieres realizar y con el avance que quieres conseguir.

 

“Anthony Robbins dice: El secreto para desatar tus fuerzas, es establecer objetivos interesantes que despierten tu creatividad y enciendan tu pasión “.

Cuando tienes claro lo que quieres y el para qué, surge una energía que te levanta cada día de la cama y despierta una pasión inexplicable, que hace que todo tenga sentido. Que ese objetivo que quieres conseguir tenga un sentido para ti. Que le de un sentido a la vida que quieres vivir. ¡¡¡Todo esfuerzo merecerá la pena!!!

 

Divide y vencerás

 

Divide el objetivo en pequeños pasos y será más fácil. De este modo, todos los avances que vayas haciendo serán recompensas y logros, que harán que tu motivación no decaiga y que el compromiso siga fuerte. Revisar todo lo que has conseguido, por pequeño que sea, es un buen ejercicio y estimulo para continuar y no perder de vista lo que quieres.

Es mejor focalizarse en el trabajo que hay que hacer, y en mirar lo pequeños logros que vamos consiguiendo, que estar pendiente del resultado. Cuando va a llegar este, a que distancia se encuentra de nuestra planificación, y si realmente lo vamos a conseguir.

Conseguirlo solo depende de nosotras. Como dije al principio, si sabes lo que quieres no habrá límites que te paren a conseguirlo. Y aquellos límites que los veamos como reales siempre encontremos la manera o la solución de superarlos.

 

“Queda prohibido no sonreír a los problemas, no luchar por lo que quieres, abandonarlo todo por miedo, no convertir en realidad tus sueños.” Pablo Neruda

Espero que os haya ayudado este articulo para reflexionar y afrontar de otra manera los nuevos objetivos y proyectos que tengáis entre manos. Como decía otro celebre:

 

” Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo”. Albert Einstein

Quizás es el momento de cambiar y hacer las cosas de otra manera.

Os espero en el próximo articulo

Con cariño de una Expat 😉 

 

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